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  • Irene López Assor

Deja de pedir perdón sin motivos



Parece, que tenemos adquirida una mala costumbre y es pedir perdón por todo, a los hijos, a la pareja, al jefe, pero realmente no es un perdón, en realidad son formas de decir: “no quiero discutir” y pierde todo el sentido el significado de perdón o de perdonar. De realmente arrepentirse por algo que no te ha gustado como lo has hecho o como has actuado.


Si tu pareja te monta un circo y estas aburrido/a de la discusión, lo más seguro es que digas: “bueno, pues perdón”, en lugar de decirle: “mira, cállate la boca que me tienes aburrido/a”.

Honestamente, y desde el punto de vista psicológico es mucho más sano la segunda frase que la primera, en la segunda, estas en la realidad, en la primera, dejas de comunicar tus emociones, sensaciones o sentimientos.


Si no tienes la necesidad de pedir perdón, no lo hagas, sobre todo, porque, además de lo comentado, vas a empezar a demandar un perdón no real por parte de los que te rodean y una vez más, el significado y valor de la palabra se desvirtuaría.


El perdón es la acción de aceptar las disculpas si hemos cometido una ofensa, y para que se dé esa ofensa, debe de existir un conflicto previo, y no sirve de nada pedirlo en medio del conflicto, hay que esperar que la tensión emocional se disminuya para razonar, que ese perdón sea sincero y con relevancia.


Para que el perdón sea real y no una coletilla aprendida ha de existir , además del conflicto, una actitud de resentimiento del ofendido, reconocimiento de la culpa con responsabilidad de que se ha hecho mal. Pedir perdón es un acto de higiene mental tanto para el que ofende como para el que lo recibe. Cuando se da ambos han de saber, uno pedir perdón y el otro saber perdonar.


Ahora bien, si no se da la situación mencionada, entonces estás usando el perdón como una expresión para poner una falsa humildad, que alimenta tu ego victimista y solo te traerá problemas de frustración, así que deja de pedir perdón sin motivo por:


1. - Deja de tener sentido la disculpa, aumenta tu victimismo, aumenta los estados obsesivos y tendrás más estrés, por ende, mayor índice de depresión.

2. - Se pierde la sinceridad, por no ser claras a la hora de nuestra disculpa, haciendo que la mentira tome un papel relevante en nuestra vida.


3. - Pierdes valor hacia ti mismo/a, ya que no das el significado real, empiezas a actuar como “crees que deberías actuar” y no como “eres realmente”, esto conlleva una pérdida de autoestima que con el tiempo se extiende a otros terrenos de tu vida, tanto personal como laboral.


4. - Siente la responsabilidad de la palabra, y esto, extrapólalo a los “te quiero” son como palabras que han de estar siempre, pero es un error decirlas si no se siente de verdad o no te suena la frase “si me pediste perdón ayer… entonces…” o “si ayer me decías te quiero…”, esto ocurre porque se devalúan las palabras y con ello la responsabilidad de darles la importancia necesaria.


5. - El pedir perdón no resuelve el conflicto, hechos son amores y no buenas razones que decían las abuelas, después de un perdón sincero ha de tener un “propósito de enmienda” y no sirve “no lo volveré hacer”, sino “la próxima vez haré…” es darle la vuelta a lo positivo. Ahora bien, si no tienes intención de cambiar, no pidas perdón, defiende tu posición y que la otra persona acepte tu punto de vista.


Y por último, has de saber que si siempre te andas disculpando con todo el mundo, la imagen que estás dando de ti es bastante nefasta, es de una inseguridad tremenda, sin criterio ni personalidad, que va al son que los demás marcan. Y esto minará tu autoestima, te sentirás con un elevado nivel de angustia, simplemente porqué no estás dejando a tu ser, que salga a relucir, a que marque sus límites, a arriesgar, a vencer el miedo, en definitiva, a ser tu mismo/a



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